
ROPPONGI URBAN FARM, On Design, imagen modificada para este informe, https://www.archdaily.com/126917/farm-in-tokyo-on-design-partners
RESUMEN
En esta publicación se intenta sintetizar una serie de conceptualizaciones acerca del aporte de la agricultura en las áreas urbanas y se exponen los primeros pasos de un meta-proceso de inserción de estas prácticas en los inmuebles pertenecientes al Estado Nacional Argentino sitos en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires; un proceso que es complejo en cuanto intenta incorporar la multiplicidad de temáticas y actores vinculados a la Agricultura Urbana, a la gestión de políticas en las ciudades, a sus habitantes, etc.
INTRODUCCIÓN
El estudio de los modos de producción del hombre ha puesto, en los últimos años, mayor énfasis en el concepto de sistema, en donde se investiga la interrelación entre las necesidades humanas a cubrir y el medio natural que puede ser proveedor y soporte. Por ello resulta ineludible integrar en un estudio a ambos componentes: hombre y naturaleza (Covas 2012:7).
El conocimiento del ambiente natural, luego su transformación y aprovechamiento motivó e impulsó el conocimiento científico y éste, la tecnología. Debido a esto, podríamos integrar en un estudio a otro componente: hombre, naturaleza y tecnología. La necesidad de alimentación aumenta y el suelo utilizado para cultivar es cada vez mucho más extenso. A comienzos de este siglo, la población comienza a ser más urbana que rural. El año 2007 marcó un momento crucial donde la población mundial se divide en partes iguales entre quienes viven en la ciudad y quienes viven en áreas rurales.
Las ciudades son ecosistemas urbanos, caracterizados por ser enclaves de sociedades que consumen grandes cantidades de bienes y servicios que proveen los ecosistemas circundantes y otros más allá de sus límites. Un mayor consumo genera un mayor flujo de medios de transporte, producción de basura y desechos urbanos (Ermini, 2012:9).
Si el entorno natural no es capaz de sostener las prácticas agrícolas actuales, ¿de dónde provendrán nuestros futuros alimentos? La respuesta está en el potencial simbiótico de nuestros centros urbanos (Buglovky, 2012:1).
Es posible identificar y documentar experiencias para promover nuevas formas de consumo y producción de alimentos a escala local y así otorgar una herramienta clave para anclar nuestra cultura urbana, permitiendo que su desarrollo colabore como un instrumento para combatir la insuficiencia alimentaria.
palabras clave:
Agroecología, soberanía alimentaria, ciudades sostenibles, interacción agro-urbana, desarrollo territorial sostenible, huerto urbano.
(r)EVOLUCIÓN VERDE
La especie humana se ha adaptado a un entorno cambiante a través de la invención de soluciones tecnológicas que hacen nuestra vida más fácil. La humanidad se esforzará y mejorará solo cuando se satisfagan las necesidades básicas. En este caso, la agricultura, que proporciona recursos y alimentos, puede considerarse como la actividad fundamental que potencia las posibilidades de desarrollo de la humanidad.
Podemos discernir si dicho esfuerzo parte de demandas o necesidades, dependiendo de la acotación espaciotemporal en el que acontezca o del desarrollo económico propio de las sociedades, pero la falta de suelos aptos para el cultivo en relación al latente aumento de la población nos hace pensar en soluciones innovadoras, impulsadas por la revolución tecnológica propia del siglo XXI.
La civilización se ha prolongado durante miles de años con todo tipo de ideologías de diferentes culturas y sociedades. Estas ideas cambian o evolucionan.
Paulatinamente, la agricultura ha ganado una mayor eficiencia y producción en masa, pero ¿la ideología de la ocupación del suelo ha cambiado de alguna manera? Realmente, no.
La granja todavía se planta en forma horizontal cubriendo el paisaje.
Koolhaas, en su libro Delirio New York, nos comenta sobre una nueva frontera gestándose en la Manhattan de 1900, la frontera del cielo. Nos habla del rascacielos entendido como un dispositivo utópico para la reproducción ilimitada de emplazamientos vírgenes en una única localización metropolitana (Koolhaas, 1978:83).
La tecnología nos permite construir más y más alto en el cielo.
¿Porque aún la agricultura no se ha manifestado en tres dimensiones?
DICOTOMÍA URBANO / RURAL
La relación entre ciudad y campo es uno de los principales factores que definen las sociedades humanas. Desde sus inicios, la ciudad ha estado estrechamente relacionada con la agricultura. Los primeros asentamientos humanos sedentarios en el Neolítico aparecen ligados al desarrollo de la técnica agrícola y no se pueden entender los unos sin la otra. Esa fue la primera gran revolución urbana de la historia, desde entonces las cosas han cambiado mucho, la ciudad ha ido ocupando, degradando y distanciando al campo; los tiempos en los que los alimentos dependían de la producción local y de la disponibilidad estacional van quedando progresivamente atrás. El proceso de industrialización, la expansión de la urbanización del territorio, el transporte a larga distancia y los mercados globales han conseguido desgajar la estrecha relación entre ciudad y campo, lo cual ha provocado la fragmentación física y funcional del territorio. El cambio de modelo del sistema urbano ha supuesto la implantación de un territorio-red metropolitano: «cambio que se produce desde un mar de ruralidad y naturaleza poco intervenida, que alberga algunos islotes urbanos unidos por un viario tenue y poco frecuentado, hacia un mar metropolitano, con islotes de ruralidad o naturaleza a proteger, unido por un viario mucho más marcado, denso y frecuentado (N.Morán, 2010:99).
La ciudad del futuro debe considerarse desde una perspectiva sistémica, que atienda a los ciclos del metabolismo urbano, al contexto territorial y a los procesos culturales e identitarios de las sociedades que las habitan. Atender a estos procesos teniendo en cuenta las relaciones y sinergias que se producen entre ellos parece el único modo de incidir de manera efectiva en una regeneración urbana ecológica, que debería ser la siguiente gran revolución urbana (Villace, Labajos, Aceituno, Morales Pardo, 2012:107)
La conceptualización de agricultura urbana es afectada por dos prejuicios que se encuentran relacionados con esta dicotomía. Lo rural ha sido relacionado con el atraso, la inflexibilidad y la pobreza mientras que lo urbano implica lo opuesto: modernidad, tecnología, acceso a información y movilidad […], sin embargo, en la práctica vemos que la agricultura realizada en ciudades es un fenómeno desarrollado en diversas sociedades y culturas (Gallardo, 2012:15).
El medio ambiente urbano puede ser conceptualizado como un polisistema formado por un conjunto dinámico de sistemas abiertos que intercambian material, energía e información con el medio. Las fronteras entre zonas urbanas y rurales quedan siempre difusas y existe un continuo flujo entre ellas (Gallardo, 2012:17).
SUSTENTABILIDAD URBANA
Como hemos mencionado anteriormente, los retos de las ciudades contemporáneas obligan a integrar los proyectos de granjas urbanas dentro de un proceso general de rehabilitación urbana ecológica. Una rehabilitación urbana integral requiere que se atienda no sólo a los aspectos físicos relacionados con el metabolismo urbano, sino también a la dimensión social y cultural, contribuyendo a la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. La agricultura urbana puede ser una herramienta fundamental a la hora de generar procesos sinérgicos que impliquen múltiples variables ambientales, económicas, sociales y ecológicas.
La consideración de los sistemas urbanos como sistemas ecológicos mencionada anteriormente, fue un primer paso para tratar de comprender a este sistema tan complejo a través de los flujos de materia y energía en la ciudad; sin embargo, la inclusión de los aspectos culturales, históricos, políticos, económicos y de identidad no podían permanecer ajenos.
El concepto de sustentabilidad urbana se concibe como un concepto sistémico, a partir del cual se origina un concepto alternativo de ciudad, en el cual un asentamiento tiene la capacidad de proporcionar en forma duradera y eficiente la energía y los recursos para cumplir con los objetivos que en el subsistema social, espacio físico, económico y ecológico […] requerirán las generaciones presentes y futuras que habitarán la ciudad (López Bernal, 2004:14).
Vázquez Moreno, en su tesis sobre La Agricultura Urbana como promotor de la Sustentabilidad Urbana reflexiona: En efecto, la sustentabilidad urbana es un tema muy complejo que requiere la interacción de diversas dimensiones, actores, disciplinas y niveles de política pública. Una sola dimensión, una sola actividad, un solo sub-sistema, actor o nivel de política pública no lo puede garantizar.
URBANIZANDO LA AGRICULTURA
La ONU ha realizado un informe acerca del estado de las ciudades del mundo en el período 2012/2013, destacando los vínculos entre la productividad de alimentos y su eficiencia en las zonas urbanas como elementos coincidentes para construir una ciudad próspera que evitará la degradación ambiental. Aunque la producción de alimentos está catalogada como piedra angular para una ciudad autosuficiente, hay una variedad de aspectos que contribuyen a la productividad, incluido el espacio urbano catalogado de importancia social y ecológica, sistemas de transporte que conectan diversas zonas y el buen manejo de la infraestructura, recursos y residuos. (Universidad Stellenbosch, https://scholar.sun.ac.z12)
Un paisaje urbano productivo se basa principalmente en la producción de alimentos urbanos de consumo local, disminuyendo la dependencia total del suministro fuera del ámbito urbano, incrementando la resiliencia urbana. La necesidad actual de seguridad alimentaria urbana motiva el impulso hacia soluciones alternativas, especialmente en los países en desarrollo, para mejorar la nutrición de los hogares. Una ciudad productiva ambientalmente sostenible es de suma importancia. Es por eso que las granjas urbanas como bancos de alimentos ayudan a la población de bajos ingresos no solo a consumir su producción, sino también a distribuir el excedente de alimentos (Mougeot, 1999: 6).
A pesar de que la agricultura urbana y periurbana aporta entre el 15 al 25% de los alimentos del planeta, no ha sido suficientemente reconocida y su práctica sufre severas restricciones legales. Hoy, su importancia es reconocida por muchos gobiernos de diferentes partes del planeta y por importantes organismos internacionales. En las últimas décadas, un gran número de gobiernos nacionales y municipales, apoyados por agencias internacionales de desarrollo (incluyendo IDRC, FAO, PNUD, CGIAR, GTZ, ETC y otras) han comenzado a integrar a las áreas periurbanas en sus políticas y programas públicos, reconociendo su importancia en la solución de problemas urbanos (INTA, 1999: 18).
Una forma de ejemplificar este proceso es el caso sobre la configuración del modelo de agricultura urbana en la ciudad de Rosario. El centro industrial de la ciudad se inició en el siglo XX. Su actividad se intensificó en los años cincuenta y sesenta. Sin embargo, como consecuencia de la aplicación de políticas neoliberales, en los años setenta se desencadenó un proceso de desindustrialización que generó, a fines de los años ochenta, desocupación y pobreza masiva en la población. Las respuestas a estos procesos por parte de los distintos gobiernos se movieron entre la represión y el asistencialismo. Por estos motivos, hacia finales de los ochenta, se fue configurando espontáneamente el modelo de Agricultura Urbana que ha ido evolucionando gracias al programa PROHUERTA (Gallardo, 2012:18).
Esta iniciativa forma parte de la Agenda Sustentable de la actual Secretaría de Agroindustria, conformando un programa de políticas públicas que promueve las prácticas productivas agroecológicas para el autoabastecimiento, la educación alimentaria, la promoción de ferias y mercados alternativos con una mirada inclusiva de las familias productoras.
Un desarrollo local sostenible requiere que ciudad y ciudadanía reorienten la ordenación territorial, la política, la economía y la cultura hacia la autonomía. Se trata de incorporar y traducir a la realidad urbana las variables que potencian la sostenibilidad de los ecosistemas naturales: tender hacia la autosuficiencia, fomentar la auto-organización, valorizar la diversidad (cultural, productiva, social…), así como la capacidad de innovación y aprendizaje en la gestión de las desestabilizaciones” (Saco Fortuna, 2017:9).
AGRICULTURA URBANIZANTE
En la actualidad, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó que alrededor de 800 millones de personas practican y desarrollan la Agricultura Urbana, destinándose el 75% de la producción para el autoconsumo. En los últimos 30 años, el desarrollo teórico respecto a la Agricultura Urbana y la forma en que surge y se desarrolla en relación a los ciudadanos y las ciudades, se encuentra en un primer nivel, con un fuerte enfoque en la descripción de experiencias (Vásquez Moreno, 2010:26).
La visión moderna industrializada circunscribía a la agricultura como algo que ocurría únicamente en las zonas rurales. Dentro de esta misma lógica, las ciudades eran vistas como sectores geográficos donde se localizaban, en forma exclusiva, los bienes no agrícolas.
Vázquez Moreno comenta: ninguna sociedad existe en el vacío, ya que todas se desarrollan dentro de un espacio concreto, dicha acción transforma el espacio al apropiarse de sus recursos, estableciendo una estrecha y continua relación entre las características de la sociedad y las de su entorno; esta correlación se reconstruye y fortalece permanentemente, tanto por el uso que se hace de los recursos disponibles en el espacio, como también, por las transformaciones que ocurren a su saber tecnológico o saber hacer local, configurando, de esta manera, territorios con características específicas asociadas a la transformación espacial (Vásquez Moreno, 2010:54).
Modelo Latinoamericano
En países del Sur, la Agricultura Urbana ha adquirido una gran importancia como estrategia de desarrollo, con múltiples prácticas, programas e investigaciones en marcha, lideradas por organismos internacionales como la FAO de Naciones Unidas. Tenemos en estas prácticas un ejemplo de cómo actuar en una situación de crisis y de la potencialidad social que tiene la producción de alimentos en un contexto urbano.
A principios de la década del noventa, se desarrolló el Seminario Internacional del Medio Ambiente, llevado a cabo por el Centro Internacional de Investigación y Desarrollo (IDRC), habiendo concluido que la AU era una práctica ampliamente practicada, sin embargo, no existía ninguna sistematización de las experiencias. A partir de dichas conclusiones, en 1994 se realiza un sondeo de la actividad en diferentes regiones de Latinoamérica.
El deseo de lograr dicha sistematización para apoyar la promoción, desarrollo y/o consolidación de la AU, llevó a la realización del primer Seminario sobre Agricultura Urbana en 1995, en La Paz, Bolivia, donde se constituye la Red ÁGUILA (Red Latinoamericana de Investigaciones de Agricultura Urbana), que agrupa a investigadores y promotores de la actividad en el continente, teniendo como objetivos poder contribuir a una mejor inserción de la actividad agropecuaria en ámbitos urbanos, combatir la insuficiencia alimentaria, promover políticas, tecnologías y métodos organizativos que mejoren las productividad, accesibilidad y sostenibilidad de dicho métodos y crear redes nacionales que articulen esfuerzos en ámbitos locales y así propiciar el desarrollo de la agricultura urbana.
Las experiencias internacionales muestran que existen distintos enfoques de la práctica, que dependen de los objetivos que se persigan con cada proyecto. De una perspectiva inicialmente alimentaria, los estudios se han ido diversificando para documentar experiencias sobre el impacto de la Agricultura Urbana en muchos más aspectos sociales que aquel de la alimentación, así como en aspectos ambientales, económicos y culturales. (Vásquez Moreno, 2010:30)
Modelo Eurocéntrico
En las ciudades más desarrolladas existe, salvo casos excepcionales, cierta suficiencia alimentaria, por lo que la calidad de vida en las ciudades, la sostenibilidad medioambiental, la integración social y el consumo del crecimiento exponencial de la población serían las principales motivaciones tras la Agricultura Urbana de urbes como Madrid, Berlín, Tokio, Singapur, Nueva York, Ámsterdam, Paris, etc. En este marco se podría definir una tipología de Agricultura Urbana en base a sus dimensiones, propiedad, participantes, objetivos y motivaciones de los mismos (López/Sanz-Corbeña, 2017:8).
Diversos estudios dan cuenta sobre el desarrollo de la agricultura urbana, Edwards & Mercer (2010) realizan un trabajo de mapeo identificando y localizando recursos diversos relacionados a esta tipología, dirigidos a fortalecer el sistema alimentario urbano y proponiendo integrarlos a un proceso de diseño y planificación que contribuya a la sustentabilidad de la ciudad de Melbourne, Australia. […] estas regiones industrializadas y con menores índices de pobreza, reúnen a ciudades con menores índices de densidad poblacional y con mayor número de ciudadanos informados dispuestos a defender la conservación de áreas verdes remanentes. Los esfuerzos dados a partir de la década de los setenta en estas regiones han ido evolucionando desde una perspectiva estética y de preocupación por la calidad alimentaria hacia un apoyo a las distintas iniciativas sociales y económicas de la producción agrícola. Por ejemplo, en Polonia, cerca del 30% de las familias urbanas cultivan alrededor de un millón de lotes; mientras que en Holanda, el 33% de la producción agrícola es urbana. (Vázquez Moreno, 2010:29).
Madaleno (2004) desarrolla un estudio de la agricultura en la metrópoli de Lisboa. A través de un extenso relevamiento, constata los siguientes tipos de sistemas de producción: Huertos privados: localizados alrededor de casas o en patios interiores de bloques de departamentos, tanto en la ciudad madre como en sus periferias, con superficies de escasos 50 m2 hasta una hectárea. Huertos pedagógicos y parcelas demostrativas: cultivos situados donde viven las clases sociales más privilegiadas. Espacios de educación ambiental, de esparcimiento y de terapia ocupacional. Pueden localizarse dentro o en la periferia de las urbes, varían entre los 50 m2 y las 10 ha; se asocian a escuelas, museos u otras instituciones públicas.
DESARROLLOS URBANOS SUSTENTABLES
En América Latina, la población en el 2010 superaba los 588 millones de personas, de las cuales más de 150 millones viven en áreas urbanas en situación de pobreza, concentrándose en las cuatro megalópolis de la región: San Pablo con 20 millones, Ciudad de México con 19 millones, Buenos Aires con 15 millones y Río de Janeiro con 12 millones de personas. De 25 ciudades con poblaciones mayores de 1.000.000 de habitantes en 1989 se pasó a 99 en el año 2000 (el 75% de la población de América latina es urbana).
Las políticas establecidas en América Latina orientadas a promover la Agricultura Urbana pueden dividirse en dos grupos:
- Uno, citando en una primera instancia a Cuba como ejemplo y pionero, donde es el gobierno nacional quien establece legislaciones o desarrolla proyectos que impactan todo el territorio. Luego a Brasil y Ley nº 11.947 que determina que para su Programa Nacional de Alimentación Escolar al menos el 30% de productos deben provenir de la agricultura familiar.
- Otro grupo lo conforman los países en donde los proyectos son gestionados por alcaldías municipales para atender la extrema pobreza en sus áreas metropolitanas, como Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay, Guatemala y Argentina.
Conclusión
Podemos concluir que en América Latina, cada vez más municipios reconocen las políticas y programas destinados a la difusión y empleo de la Agricultura Urbana como estrategias para una gestión urbana más sostenible y equitativa, e incluso, la proponen como motor del desarrollo sostenible municipal. Los procesos migratorios que se han vivido en América Latina del campo a la ciudad se realizan por causas de violencia o simplemente por búsqueda de mejores oportunidades de vida. Las poblaciones urbanas aumentan constantemente y las periferias de las ciudades se convierten en barrios con habitantes de escasos recursos y con servicios limitados o nulos.
La agricultura urbana se vislumbra como un proceso que permite aportar a ciertos aspectos de esta sustentabilidad, ya que se logran satisfacer en cierta medida las necesidades alimenticias, la disposición de los residuos orgánicos; contribuir a la creación de mercados alternos, diversificar la economía, entre otros. Además, comienza a vislumbrarse la relación de todo con el todo, una conceptualización sistémica de las ciudades y los ciudadanos, y sus relaciones inmediatas y globales: con otros ciudadanos, con otros seres humanos, con la naturaleza.
Los intercambios de mano de obra y productos agropecuarios son fundamentales para la supervivencia de la población urbana. Por lo tanto existen flujos, interacciones entre actores, interrelaciones de productos (germoplasma, abonos, etc.), servicios (mano de obra, etc.) e información y conocimiento entre los ámbitos rurales y urbanos. La Agricultura Urbana posee características tanto urbanas como rurales ya que los jardines/huertas traen lo rural dentro de las ciudades y junto con ello todos sus beneficios y sus desventajas. La interdependencia y los lazos estrechos entre lo rural y lo urbano son precisamente el sello de ese continuum. Las dos zonas se crean mutuamente dependiendo una de la otra para sobrevivir, transformando así el medio ambiente y sus propias economías.
DESARROLLOS URBANOS SUSTENTABLES 2.0
El término “ciudad inteligente” hace referencia a una urbe que está enfocada tanto en mejorar la calidad de vida de los habitantes como en la sostenibilidad de la misma, claramente haciendo uso eficiente de las tecnologías, teniendo una cierta capacidad para desarrollarse hacia el futuro considerando aspectos tales como el conocimiento, la flexibilidad, la capacidad de transformación, la sinergia, la individualidad, el comportamiento estratégico y sobre todo la eficiencia en su administración en todos los sentidos.
Si en un principio las ciudades nacieron de la simbiosis entre infraestructura y naturaleza, luego las comunicaron los caminos y las carreteras, y hoy en día lo hacen con base en la logística y las telecomunicaciones. Actualmente, existe una percepción global de que nuestras ciudades se pueden beneficiar de los avances tecnológicos, así como lo han hecho muchos productos y servicios, lo que puede ayudar a dar respuesta a los crecientes retos referentes al manejo de recursos, limitaciones económicas y problemas sociales a los que se enfrentan las grandes urbes. Cabe señalar que lo que caracteriza a una ciudad inteligente es la inteligencia de su infraestructura, que no es más que el resultado de aplicar las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC) a las infraestructuras tradicionales, englobando un sin fin de factores y participantes, que de algún modo siempre estarán interconectados.
Conclusión
La introducción del rascacielos marca nuevamente el deseo humano de alcanzar las estrellas. En Delirio de Nueva York hay una caricatura (Koolhaas, 1978:83) que describe el rendimiento ideal de los rascacielos, en la cual, cada nivel se describe como un sitio virgen, una tierra artificial que se crea de la nada, allí se cuestiona la posibilidad de que en lugar de levantar personas y construir programas sobre la superficie, se levante la tierra.
El principal reto de la granja vertical consiste en modificar el paradigma del espacio (Despommier 2010:179).
El crecimiento económico y el avance tecnológico han permitido el desarrollo de nuevas tecnologías, multiplicando la superficie cultivable en un mismo solar, produciendo alimento las 24 horas del día, los 365 días del año. Las granjas verticales ayudarán a cambiar la fisonomía de las ciudades integrando en los núcleos urbanos la producción agroalimentaria, reduciendo a cero los circuitos de distribución.
(…) La solución del espacio en las ciudades siempre termina por mirar hacia arriba. En este caso, la producción alimentaria pasa a localizarse en edificios especialmente diseñados para tal efecto, y el concepto de la verticalidad en la agricultura se proyecta en el futuro como la piedra angular de un desarrollo económicamente sostenible (…) es posible cultivar grandes cantidades de alimentos en edificios de altura de las grandes metrópolis, lo que convierte a las ciudades en lugares idóneos para resolver el desafío que supone alimentar a la creciente población del siglo XXI (Cortes/Rodríguez, 2012:41).
AGRICULTURA URBANA EN ALTURA – BAIRES 2030
En los ecosistemas naturales, cada salida es también una entrada que renueva y sostiene al propio sistema. Sin embargo, las ciudades hoy en día usan demasiados recursos naturales y producen demasiada basura. Las urbes contemporáneas han sido convertidas en sistemas metabólicos lineales de carácter insustentable.
¿Producen las ciudades algo de un valor conmensurable o comparable con la energía y los materiales que importan y los residuos que excretan?
Por ejemplo, en Buenos Aires, a pesar del aumento en el gasto en energía y recursos, los centros de autoabastecimiento y producción hortícola-frutícola están disminuyendo en las cercanías de las ciudades puesto que compiten con el fenómeno de la conurbación. Esto por un lado conlleva a una importación cada vez mayor de recursos, por otro lado, las zonas de producción se alejan cada vez más de las ciudades aumentando los costos y la contaminación producidos por el transporte. Junto a otras actividades e iniciativas, la Agricultura Urbana puede contribuir a mitigar este proceso por medio de los aportes ecológicos, sociales y económicos que efectúa sobre el sistema urbano. […] Aunque la producción en las ciudades no llegue a satisfacer las necesidades alimentarias urbanas, el ahorro en infraestructuras, energía y costo de traslado es un argumento a favor de los centros urbanos que obtienen el máximo posible de alimentos producidos en tierras agrícolas metropolitanas o en sus proximidades. (Gallardo, 2012:,23).
Sistema de georreferenciación global
Tomando como base los datos obtenidos por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) en lo referido al estado edilicio, ubicación, superficie y ocupación de los edificios públicos (registros/publicaciones/censos/entrevistas a trabajadores permanentes y/o temporarios, etc) se realizó un mapeo de los inmuebles del Estado Nacional Argentino ubicados en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Se estimaron un total de 15 ha como espacios potenciales para la agricultura urbana en una primera etapa de intervención.
De esos inmuebles relevados, se acotó el universo de acción a los edificios administrativos (oficinas, atención al público) pertenecientes (no en alquiler) al ENA.

-BIBLIOTECA NACIONAL MARIANO MORENO, la imagen muestra la ubicación y características principales del inmueble, Francisco L. Toledo, fotomontaje de intervención en la azotea del inmueble, Francisco L. Toledo, http://www.parisculteurs.paris/fr/sites/parisculteurs-saison-2/1459-monoprix-bievre-13.html
Educación
El Plan Nacional de Seguridad Alimentaria (PNSA) fue creado en 2003 en el marco de la Ley Nº 25.724 / 2002 – Programa de Nutrición y Alimentación Nacional, siendo uno de sus objetivos establecer educación alimentaria y nutricional, centrándose en generar capacitaciones con el objetivo de convertir los conocimientos en hábitos de alimentación saludable. Todas las acciones desarrolladas por el PNSA son acompañadas y fortalecidas a través de la edición de libros, folletos, cuadernillos, afiches y textos educativos, como así también por medio del desarrollo de acciones de comunicación dirigidas a la comunidad. Como complemento, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) a través del programa Pro-Huerta, propone garantizar la seguridad y soberanía alimentaria de las poblaciones vulnerables con riesgo nutricional, a partir de la autoproducción de alimentos. Actualmente, el programa trabaja con alrededor de 540 mil huertas en todo el país, incluyendo experiencias escolares, comunitarias y familiares, con las que alcanza a más de 3 millones de beneficiarios. Desde las 400 unidades del INTA en territorio y mediante una red de 7.500 promotores voluntarios, el PROHUERTA, articula su actividad con 3.000 organizaciones e instituciones, socios locales y multiplicadores que instalan capacidades en los territorios y profundizan el trabajo. Estas iniciativas benefician a más de 50 mil familias de todo el país y apuntan a realizar actividades, obras y adquisición de equipamiento para el desarrollo territorial y la mejora de la calidad de vida de las comunidades (Instituto de Tecnología Agropecuaria – INTA, 2012:13).
Yendo vertical
Con la idea de abastecer el comedor de la casa de gobierno, se instaló una huerta agroecológica en la terraza del palacio presidencial. El espacio se inició a partir de una solicitud de Presidencia de la Nación dirigida al PROHUERTA, programa del Ministerio de Desarrollo Social (MDS) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). De este modo, el acuerdo reflejó la continuidad del trabajo que el programa inició a comienzos de 2016 en la residencia presidencial de Olivos. Ahora, a partir de este proyecto que impulsa ProHuerta, la Casa Rosada podrá también ser un modelo para el desarrollo y la promoción de techos verdes urbanos. Diego Ramilo comenta (coordinador nacional de Transferencia y Extensión del INTA y referente institucional del ProHuerta): el objetivo es, en primera instancia, abastecer el comedor de la casa de gobierno. Pero, además, la huerta en la terraza es un espacio demostrativo para incentivar la creación de más techos verdes y huertas en otros edificios de la ciudad. Para el equipo técnico del MDS y del INTA, dedicado a la puesta en funcionamiento de este espacio, el potencial de cultivo que existe en las terrazas de Buenos Aires es gigante. Hay tecnologías para producir en casi todos los tipos de terraza que hay en la ciudad. Está hecha íntegramente de manera agroecológica y con técnicas de agricultura urbana, con compostera y riego por goteo para hacer más eficiente el uso del agua .La producción total va a ser de unos 60kg de verdura agroecológica por año. De acuerdo con mediciones realizadas por el PROHUERTA en los canteros allí utilizados, una huerta promedio rinde de 5 kg a 8 kg de verdura por metro cuadrado, cada año. Según Ramilo, por cajón se pueden cosechar unas 50 plantas de lechuga. Este cajón siempre va a tener una variedad de hortalizas, aromáticas y florales, con el objetivo de generar un ecosistema que aporte diversidad. Las condiciones de la terraza tienen excesivo viento y sol, dijo Ramilo, quien explicó que se reflejan las mismas dificultades que encuentran las personas en sus casas, en sus terrazas y balcones. Por eso es interesante, poder mostrar cómo realizar una huerta agroecológica en un lugar tan emblemático de forma eficiente. (http://intainforma.inta.gov.ar/?p=40918).
Avanzando hacia el futuro
No hay duda de que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene una gran cantidad de espacio en el techo de sus inmuebles. La gran densidad de edificios no solo proporciona superficie adicional, sino también una ubicación ideal para distribuir alimentos producidos en el interior de la ciudad a su población concentrada. La agricultura urbana puede beneficiarse de la infraestructura ya implementada (redes de transporte, proximidad a comerciantes y consumidores, acceso a capital y apoyo comunitario) para distribuir de manera más eficiente los productos, disminuir los costos y el tiempo, proporcionando un gran impulso para el desarrollo de la agricultura urbana y sus tecnologías emergentes.
La coevolución implica un proceso en el cual la cultura humana evoluciona, la agricultura se inventa, se seleccionan nuevas variedades de cultivo, se desarrollan nuevos sistemas agrarios, todo en un contexto de sostenibilidad y (quizás) de mayor complejidad (Gallardo, 2012:21).A continuación se exponen tres ubicaciones posibles de intervención a partir del reconocimiento de potenciales terrenos e inmuebles pertenecientes al Estado Nacional Argentino para el emplazamiento de huertas urbanas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Como se observa, es posible seleccionar un universo de casos posibles a intervenir para la elaboración de una propuesta de consolidación a modo de meta-proyecto. Las características de los sitios podrían variar ampliamente, necesitando diferentes estrategias y enfoques para ser utilizados en actividades agrícolas.
Si está bien planificada y bien gestionada, una Agenda Verde Urbana puede ser un instrumento poderoso para lograr el desarrollo sostenible, tanto en los países en desarrollo como en los países desarrollados, ya que presenta un cambio de paradigma basado en la ciencia de las ciudades; establece normas y principios para la planificación, construcción, desarrollo, gestión y mejora de las zonas urbanas en sus cinco pilares de aplicación principales: políticas urbanas nacionales, legislación y normativas urbanas, planificación y diseño urbano, economía local y finanzas municipales e implementación local.
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